Vol. 28 - Num. 109

Leído. Libros, revistas e Internet

Tenemos que hablar de Kevin

Carmen Martínez Gonzáleza

aPediatra de Atención Primaria. Madrid. España.

Correspondencia: C Martínez. Correo electrónico: carmendiri@gmail.com

Publicado en Internet: 02-02-2026 - Número de visitas: 21

  • Shriver L. Tenemos que hablar de Kevin. Editorial: ANAGRAMA; 2019. ISBN: 978-84-339-0251-1.

Lionel Shriver escribió en el año 2003 la novela Tenemos que hablar de Kevin narrada en primera persona y con una estructura epistolar. Con esta obra ganó el Premio de Ficción Femenina en 2005 y fue llevada al cine seis años más tarde. La película homónima se estrenó en el Festival de Cannes de 2011, donde fue ampliamente elogiada por la crítica.

La obra se desarrolla en largas y detalladas cartas que Eva, la madre de Kevin, dirige a su querido Franklin, marido y padre del adolescente. En ellas relata sus sentimientos en torno al nacimiento de su hijo, circunstancias y detalles de la crianza, así como sus vivencias relacionadas con la evolución de la familia que forman y la difícil infancia y adolescencia de Kevin.

La narración es tan brillante y atractiva que consigue atraparnos en un libro extenso y en una historia sobrecogedora. Incluso sabiendo que todo confluye en un hecho ya conocido —el nefasto jueves en el que Kevin comete un acto delictivo— hay acontecimientos que sorprenden hasta el final.

Se trata de una obra dura y perturbadora, sí, pero merece, sin duda, ser leída. Pero es pertinente avisar de que el lector puede experimentar una especie de angustia existencial (aunque la autora no se detiene en detalles morbosos), fruto de ponerse en el lugar de la familia, y ser asaltado por una absurda duda literaria: no, no puede ser verdad.

Es una obra de las que nadie sale indiferente, sino profundamente tocado. Porque el relato interpela desde el dolor y las contradicciones de una madre, así como desde la ceguera del padre. Incita a preguntarse si existe la maldad constitucional, si son la genética o el ambiente, la crianza, la calidad de los vínculos tempranos o la forma innata de ser lo más influyente en la gestación de un psicópata. Cuestiona esa necesidad tan humana de buscar culpables —especialmente entre las madres, víctimas muchas veces— incluso en historias como esta, donde la espeluznante falta de empatía y sentimientos de Kevin parecen evidenciar su esencia. Y da que pensar sobre el sufrimiento de los padres cuyos hijos han cometido actos delictivos y, como Eva —cuya heroicidad reside en sobrevivir a aquel jueves—, se preguntarán por qué su hijo adolescente fue capaz de buscar ese macabro esplendor.

¿Qué ocurre después? ¿Es posible seguir queriendo a estos hijos? ¿Existe ese amor incondicional que se presupone por ellos?

Este libro acribilla con preguntas incómodas.