Vol. 28 - Num. 111
A la Pediatría desde el Arte
Isabel Gordo Baztána, Laura Borja Anduezaa, Daniel Ruiz Ruiz de Larramendib
aServicio de Pediatría. Hospital Universitario de Navarra. Pamplona. Navarra. España.
bPediatra. CS Alsasua. Navarra. España.
Correspondencia: I Gordo. Correo electrónico: isabelgbaz@gmail.com
Cómo citar este artículo: Gordo Baztán I, Borja Andueza L, Ruiz Ruiz de Larramendi D. La persistencia de la memoria. Salvador Dalí, 1931 . Rev Pediatr Aten Primaria. 2026;28:415.
Publicado en Internet: 24-09-2026 - Número de visitas: 155
La persistencia de la memoria
Salvador Dalí, 1931. Óleo sobre lienzo. 24 × 33 cm. Museum of Modern Art. Nueva York. Estados Unidos.
Los relojes blandos de Salvador Dalí, especialmente en su obra La persistencia de la memoria, evocan la idea de un tiempo que se deforma, que se vive de manera subjetiva y no rígida. En Pediatría, esta metáfora puede resultar muy útil, porque el tiempo en la infancia no se mide solo con relojes o calendarios, sino con el desarrollo, los hitos y las experiencias que marcan la vida de un niño y de su familia.
Los pediatras no solo observan la edad cronológica, sino también la edad biológica y madurativa. Así como en Dalí los relojes se derriten sobre paisajes oníricos, en Pediatría el tiempo se moldea según el ritmo único de cada niño: algunos comienzan a caminar antes, otros más tarde; unos hablan pronto, otros necesitan más meses. La interpretación rígida del tiempo pierde sentido frente a la plasticidad del desarrollo infantil.
Además, los relojes deformados pueden recordarnos la percepción del tiempo en los niños hospitalizados. Un día puede sentirse eterno para ellos, mientras que para los adultos pasa rápidamente. El pediatra, como el artista, debe reconocer esa subjetividad y acompañarla con empatía. En definitiva, Dalí nos recuerda que el tiempo no es absoluto y, en Pediatría, esa flexibilidad es esencial para comprender y cuidar mejor a cada niño.