Vol. 28 - Num. 111
Leído. Libros, revistas e Internet
Daniel Ruiz Ruiz de Larramendia, Sara Mesa Helguerab, Patricia Sierrasesúmaga Martínc
aPediatra. CS Zizur. Navarra. España.
bPediatra. CS Sarriguren. Navarra. España.
cPediatra. CS II Ensanche, Navarra. España.
Correspondencia: D Ruiz. Correo electrónico: druizruiz@alumni.unav.es
Publicado en Internet: 01-10-2026 - Número de visitas: 30

August Pullman tiene diez años y le gusta montar en bicicleta, jugar a videojuegos y hacer bromas con su familia. También tiene una característica que condiciona la manera en que los demás se relacionan con él: nació con una importante diferencia facial y ha tenido que someterse a numerosas intervenciones quirúrgicas. Hasta los diez años ha recibido educación en casa. Cuando comienza a acudir al colegio, se enfrenta por primera vez a un mundo en el que las miradas, los susurros y los prejuicios pueden resultar tan dolorosos como cualquier intervención médica.
RJ. Palacio construye una novela aparentemente sencilla sobre un niño que empieza el colegio. Sin embargo, a través de diferentes narradores, nos muestra algo más complejo: la misma infancia puede ser vivida de maneras muy diferentes dependiendo del lugar desde el que se mire.
Para la Pediatría de Atención Primaria, August representa una realidad que encontramos con frecuencia: niños cuya diferencia física, funcional o conductual termina condicionando su experiencia social. En ocasiones, la enfermedad o la discapacidad no constituyen el principal obstáculo para su bienestar. Lo hacen el aislamiento, el rechazo, la sobreprotección o la mirada de los demás.
La novela invita también a reflexionar sobre el bullying. August no solo tiene que enfrentarse a las dificultades propias de incorporarse a un nuevo colegio; debe descubrir quiénes son capaces de ver más allá de su aspecto. Y sus compañeros también tienen que aprender que la inclusión no consiste únicamente en aceptar que alguien esté presente, sino en hacerle sentir que pertenece.
Este aspecto resulta especialmente relevante en la consulta pediátrica. Preguntar por el colegio, los amigos, el recreo o la relación con los compañeros debería formar parte de la valoración integral de cualquier niño, especialmente cuando existe una enfermedad crónica, una discapacidad o alguna característica que pueda convertirlo en objeto de estigmatización. A veces, una pregunta aparentemente sencilla —«¿con quién juegas en el recreo?»— puede abrir una conversación que no surge espontáneamente.
También los adultos tienen un papel fundamental. La familia, los profesores y los profesionales sanitarios pueden convertirse en protectores, pero también corren el riesgo de definir al niño únicamente por su condición. August nos recuerda que un niño no debería ser reducido a aquello que lo hace diferente.
Quizá una de las enseñanzas más valiosas de la novela sea que la inclusión comienza antes de que pronunciemos una palabra. Comienza en la mirada.
Porque todos miramos. La pregunta es qué hacemos después de mirar: apartarnos, juzgar o acercarnos.
Y en Pediatría, aprender a mirar sin convertir la diferencia en distancia también forma parte de cuidar.
Y quizá esa sea una de las tareas más importantes de la pediatría: no solo cuidar al niño que tenemos delante, sino aprender a mirar el mundo desde el lugar en el que él se encuentra.